Toda una vida dedicada al arte

En Memoria de José Manuel Fernández Felgueroso

José Antonio Sáez de Santamaría

Fue un trabajo agradable, distinto, especial y, esto, por varias razones. La primera, personal, era mi cercanía a D. José Manuel Fernández Felgueroso, del cual mis padres eran amigos; la segunda, profesional, era que fue con Mamel con quién entré a trabajar como geólogo de HUNOSA hace ya diecinueve años; la tercera fue la relación entre el técnico y el artista y la comprobación de hasta qué punto la sensibilidad de éste –muy alejada, en principio, de mi mundo de geólogo- puede ver y hacerte ver en las piedras cosas nunca antes por mi imaginadas.

Esto último es lo que, hoy, más aprecio de mi colaboración con el escultor Canónico en su monumento a Mamel en la plaza del Pozo Fondón. Me pidió, por intermedio del Departamento de Comunicación, que yo, como Jefe del Departamento de Geología de HUNOSA, seleccionase una piedra del carbonífero de nuestra cuenca para sustentar el busto de Mamel. Esto no es fácil, pues las litologías presentes en la cuenca, pizarras y areniscas, raramente dan lugar a grandes bloques y, a fuerza de ser sincero, no tienen un aspecto agradable o vistoso. Al expresarle estas opiniones a Canónico me devolvió el problema diciendo que necesitaba algo sólido, que no sólo soporte el busto de Mamel sino que también represente aquello que nos sujeta y enraíza con la tierra y con el carbón, la fuerza, la continuidad, etc.

De sus explicaciones surgió en mí una idea y le llevé a ver, en una cantera, grandes piedras de caliza susceptibles de dar un monolito de las dimensiones requeridas. No se trataba, sin embargo, de cualquier caliza. Era una cantera de calizas de montaña.

No fue tarea fácil el encontrar la piedra que reuniese las condiciones precisas y fue, después de sucesivas visitas a la Cantera Tudela Veguín, cuando hallamos la piedra que consideramos podría dar el fruto deseado. Y efectivamente así fue.

Se nos presentaron serios problemas. El primero y más importante el riesgo de rotura de la piedra en su tallado. Se trataba de una piedra de dimensiones enormes, con el peso de unos 40.000 kilos. Con la ayuda de la empresa Tudela Veguín y del Jefe de explotación, Celestino Vallina, se comenzó el proceso de desbaste, bajo la dirección del escultor Canónico, dejándola en las dimensiones y formas adecuadas –para su posterior desbaste “in situ, de mano del escultor, quedando en un peso, previo a su colocación, de unos 18.000 kilos. Problemas de carga, transporte –habida cuenta de que los accesos a la cantera no son muy anchos- y colocación en la plaza fondón no fueron de índole menor; pero todo fue cuestión de tiempo y de deseos de conseguirlo.

Los geólogos, desde el siglo pasado, siempre hemos sentido un especial aprecio por estas calizas que forman los grandes picos y sierras de nuestras montañas cantábricas, desde el Aramo a las Ubiñas o desde Peña Mayor y Peña Mea hasta los Picos de Europa. De ahí su nombre, su poético nombre. Sin embargo, lector, estas calizas tienen otra cualidad que las une al mundo del carbón. Son el estrato más bajo del periodo carbonífero en Asturias y sobre sus quinientos metros de espesor, se depositan sucesivamente todas las capas de carbón y rocas acompañantes que constituyen nuestra cuenca y que dieron pujanza y esplendor a  Asturias durante dos siglos. Así pues, estas calizas están en la base de todo nuestro mundo industrial ligado al carbón, constituyen su soporte geológico y fue lo que nos llevó a pensar que así como el carbón descansa sobre este tipo de piedra, en ningún otro sitio más significativo podría descansar el busto de Mamel que hoy se encuentra inmortalizado en el centro de la plaza Pozo Fondón, del que fue su Ingeniero Jefe.